El 11 de Marzo navegamos hacia Dominica con vientos de Este entre 15 y 20Knt,  un mar de fondo de 2 metros y una distancia de 28 MN. Navegación agradable y sin contratiempos.  Al llegar a Portsmouth, rápidamente hay “boys-boats” que se acercan amablemente hasta nuestro barco para ofrecernos diferentes servicios: visitas guiadas al “Indiana River”, tour por la isla, alquiler de boyas, agua....etc y a los que, con la misma amabilidad, agradecemos y decimos que les llamaremos más adelante si decidimos hacer algo con ellos.

Portsmouth es una enorme bahía en la que, a nuestra llegada, se concentraban unos 50 veleros de diferentes nacionalidades. Bien protegida de vientos de NE aunque con algunas ráfagas en determinados momentos. A veces, también puede entrar un oleaje del sur-sureste haciéndolo un poco incómodo pero muy soportable. Fondo de arena entre 6 y 10 metros de profundidad.

Nada más llegar, fuimos a tierra para hacer “la entrada” en la Aduana y comenzar a familiarizarnos con esta nueva atmósfera “anglosajona”. Antiguas y destartaladas casas coloridas de madera todavía subyacen después del paso del huracán “María” sufrido hace una año. La isla ha sufrido una devastación total y están en plena reconstrucción. Son amables, son felices, son supervivientes.

En nuestra primera semana nos tomamos el tiempo para descubrir el funcionamiento de esta ciudad.  Dónde abastecerse de agua, dónde hacer compras, dónde cambiar dinero, qué se puede visitar en la isla, etc. Pudimos hacer algunas caminatas agradables, visitar una chocolatería, ir a Roseau, la capital, en bus colectivo. Desgraciadamente, la sombra del “virus” y sus restricciones también han llegado aquí y desde su llegada permanecemos confinados con toques de queda aunque entre semana podemos ir a tierra para hacer algunas compras. Al día de hoy,  no sabemos hasta cuándo durará esto pero empezamos a preguntarnos qué haremos si las islas vecinas no abren sus fronteras antes de la llegada de la temporada de huracanes.

 

El 28 de febrero ponemos rumbo a la Guadalupe con la esperanza de poder llegar a tiempo  y poder ver a Philippe (el hermano de Thierry) y Elodie que están de paso por la isla y que se marchan ese mismo fin de semana de vuelta a Francia. Habíamos intentado salir dos días antes pero nos encontramos con muchas dificultades y tuvimos que dar media vuelta. ¡Es nuestra última oportunidad para poder verles! Por suerte, los vientos nos acompañan y llegamos el 29 al fondeo de la isla de Gozier. Una vez instalados vamos a tierra para encontrarnos con ellos. Saludos, abrazos, brindis con rum y una buena resaca, podrían resumir bastante bien este rápido pero agradable encuentro con la familia.

Como el fondeo es bastante ventoso y nada agradable decidimos marcharnos de Guadalupe (no teníamos un interés particular en visitar esta isla) e ir a visitar “Marie Gallante” que es una isla pequeña situada a 20 MN de la Guadalupe y conocida por sus aguas transparentes y ambiente tranquilo. En esta pequeña travesía nos encontramos con todo tipo de metereología: chaparrones con vientos y aceleraciones de hasta 25Knt y de repente, nada de viento!! Por fin llegamos a nuestro destino, el fondeo de Saint Louis. No más de 40 veleros fondeando, bien protegido del viento, pontón para los dingys con fácil acceso a tierra, supermercado cerca para hacer provisiones...  Nos gusta y nos quedamos unos 10 días.  Queríamos conocer esta pequeña isla de la que tanto habíamos oído hablar ya que tenemos un amigo, Paul, que ha construido una casita en el lado Atlántico para alquilarla en periodo vacacional y con el que ya habíamos acordado encontrarnos para las vacaciones de Semana Santa para pasar unos días juntos, con él, su mujer y sus niñas. Desgraciadamente, todo será anulado más adelante debido al “Coronavirus”. En ese momento todavía no éramos conscientes de las consecuencias del COVID 19 pero ya nos estaban llegando comentarios desde España, en particular de la parte de mi hija Maite, que un virus muy contagioso originado en China estaba empezando a expandirse por Italia, España, Francia....saturando los sistemas sanitarios.

Estando tan lejos de Europa, no nos sentíamos preocupados. Seguimos con nuestra rutina cotidiana, visitando la isla, a pie principalmente y disfrutando de la paz y la tranquilidad que te brindan estas pequeñas comunidades.

Como teníamos previsto volver a Marie Gallante para encontrarnos con nuestro amigo Paul en abril, pensamos que ya tendríamos más tiempo para seguir descubriendo esta pequeña isla y decidimos poner rumbo a la isla de la Dominica a la que tanto deseábamos ir desde nuestra travesía del Atlántico.

Salimos de Mindelo (Cabo Verde) el 16 de enero del 2020. El rumbo, al incio, era la isla de la Dominica pero por problemas inesperados como un diente roto tuvimos que cambiar nuestros planes y dirigirnos al final a la isla de la Martinica donde pensábamos que por ser una isla francesa sería más sencillo para nosotros encontrar un dentista.

En pocas palabras podríamos resumir nuestro cruce del Atántico como “sencillo”, con vientos muy flojos  del NE (entre 7/8 nudos) y mar tranquila. Gracias a un teléfono satélite Iridium que nos habían prestado (Merci Patrick!!) podíamos enviar nuestra posición GPS a nuestroa amigos Marc en Cabo Verde y Gégé en Martinica, los cuales a su vez nos envíaban cada dos días por SMS la predicción metereológica. Así pudimos mantenernos bien informados  de lo que nos esperaba. Pero no hubo grandes cambios y al final recorrimos 2251 millas náuticas en 21 días.

Llegamos a Martinica el 5 de febrero, concretamente a Anse d Arlet donde sabíamos que nuestros amigos de viaje, Gégé y Sabine con su Naluca, estaban allí desde hacía ya algunos días.

¡Qué alegría al verles de nuevo! Llegábamos justo para el desayuno que como de costumbre nos habían preparado con tanto cariño. Pasamos la mañana con ellos, charlando, riendo, intercambiando nuestras respectivas experencias sobre el “cruce”....y después, una merecida siesta para descansar.

 

Anse d'Arlet

Es una comuna francesa situada en la zona sudoeste de la isla de la Martinica. El fondeo está bastante bien protegido de los vientos del noreste, algunas ráfagas de vez en cuando, y algo de oleaje del sur. Pero en cualquier caso vale la pena pasar un poco de tiempo aquí y disfrutar de su idílico paisaje y vida marina.¡¡ Hay un montón de tortugas con las cuales puedes nadar haciendo snorkeling!! El pueblo es pequeño y bastante turístico, hay pequeños comercios y algunos restaurantes con precios “europeos” y no es nada fácil encontrar agua para el barco.

Nosotros nos quedamos aquí  3 semanas porque teníamos que resolver el problema del dentista para Thierry. Al final pudimos encontrar uno pero como es habitual en estos casos, te dan cita para una semana y luego otra cita para la siguiente semana y así hasta que terminan el trabajo.

Mientras tanto, aprovechamos para visitar viejos amigos como Marta y Jean que viven aquí desde hace algún tiempo y que fueron vecinos míos cuando yo vivía en Puerto Rico. Hacía 20 años que nos nos habíamos visto y el reencuentro estuvo lleno de nostalgias, de recuerdos, risas y lágrimas. ¡Cuántas cosas para contarnos en tan poco tiempo! Afortunadamente, pudimos disfrutar de algunos días con ellos en los cuales Jean nos hizo descubrir su isla y su historia.

También coincidimos con otros amigos, Colette y Bernard que estaban de vacaciones en la isla y aprovechamos para verles y dar algunos paseos en coche por la isla, comer juntos, charlar ...y  además nos ayudaron a encontrar la oficina del dentista !!

Una vez terminado el trabajo del dentista nos movimos hasta Sainte Anne, un fondeo más al Este de la isla y muy cerca de la Marina “Le Marin” para volver a encontrarnos con Sab y Gégé y celebrar el tan esperado 50 cumpleaños de Sab!! Amigas de ellos habían venido a vsitarles y habían alquilado una casa en esa zona con lo cual era más fácil y práctico para todo el mundo estar allí.

Aperitivos en el barco, aperitivos fuera del barco, algún que otro paseo por la isla para visitar una destilería de ron, senderismo a la montaña “Pelée”.... en fin, no escatimamos en ocupar bien nuestro tiempo!

A Sant Antao fuimos en ferry.  Unos 40 minutos desde Mindelo hasta Porto Novo. Esta isla es famosa por ser una de las islas más verdes de todo el archipiélago. Tiene montañas muy altas y escarpadas en las que se pueden hacer numerosas rutas de senderismo. El punto más alto es Topo da Coroa a 1979 metros de altitud. La actividad agrícola  es fundamental. En sus valles se pueden encontrar diferentes cultivos, desde papayas, maíz, caña de azúcar...hasta café, que gracias a una red de “levadas” y reservas es posible acumular y almacenar agua de los arroyos que están en varios niveles, para luego regar los cultivos en las terrazas de las laderas.

Durante los últimos años el turismo ha ido creciendo sustancialmente gracias a que  paisajes escarpados junto con una red de caminos que permite llegar a las poblaciones  y campos de cultivo hacen que los turistas se sientan maravillados especialmente a los que les gusta el senderismo, turismo de aventura o ecoturismo.

Nosotros decidimos hacer la ruta de Paul. A unos 1000m de altura nos bajamos del aluguer en Cova para iniciar la ruta de senderismo que nadie quiere perderse en esta isla. La caminata de Cova al Valle de Paul comienza bordeando el cráter de Cova. Esta caldera volcánica está sembrada de parcelas de cultivo y rodeada de crestas dentadas. Después y tras llegar al mirador de Paul comienzan tres horas de descenso por una calzada empedrada hasta el fondo del valle en un sin fin de zig-zags. Es el camino que construyeron a mano los habitantes de este valle para poder subir a las montañas y poder cultivar sobre terrazas. Tres horas de descenso desde el cráter, con un desnivel de más de 1200 metros. ¡¡¡No apto para los que sufren de las rodillas!!!

De regreso en ferry a Mindelo, estamos ya pensando en que se acerca una buena ventana metereológica y que por fin cruzaremos el Atlántico.