Entre las pequeñas cosas agradables en un largo viaje hay una que se refiere al abastecimiento de víveres.. Cada país, cada región, cada isla ofrece especialidades comestibles, algunas de las cuales se pueden almacenar. Siempre aprovechamos la oportunidad para llenar un poco los armarios para navegaciones que duran varios días y / o fondeos solitarios. A menudo, los paquetes, cajas... van a parar al fondo de los armarios y sentinas donde permanecen olvidados por un tiempo hasta que vuelven a aparecer cuando buscamos alguna cosa. El descubrimiento del gofio, pequeño tesoro comestible a base de cereales tostados como el trigo o millo, se produjo en la isla de Tenerife, gracias a Viky y Vicente que nos regalaron un paquete de bienvenida y nos hablaron y explicaron de todas sus excelentes propiedades.  Ahora, cada vez que lo comemos, viajamos en el tiempo, unos meses atrás, recordando buenos momentos y hermosos encuentros. Ni que decir que antes de cruzar el Atlántico hicimos un buen cargamento de gofio.

Y es esta mañana, buscando algo para comer, en medio del Atlántico, una bolsa de gofio Canario que me  ha inspirado estas líneas!!