El 11 de Marzo navegamos hacia Dominica con vientos de Este entre 15 y 20Knt,  un mar de fondo de 2 metros y una distancia de 28 MN. Navegación agradable y sin contratiempos.  Al llegar a Portsmouth, rápidamente hay “boys-boats” que se acercan amablemente hasta nuestro barco para ofrecernos diferentes servicios: visitas guiadas al “Indiana River”, tour por la isla, alquiler de boyas, agua....etc y a los que, con la misma amabilidad, agradecemos y decimos que les llamaremos más adelante si decidimos hacer algo con ellos.

Portsmouth es una enorme bahía en la que, a nuestra llegada, se concentraban unos 50 veleros de diferentes nacionalidades. Bien protegida de vientos de NE aunque con algunas ráfagas en determinados momentos. A veces, también puede entrar un oleaje del sur-sureste haciéndolo un poco incómodo pero muy soportable. Fondo de arena entre 6 y 10 metros de profundidad.

Nada más llegar, fuimos a tierra para hacer “la entrada” en la Aduana y comenzar a familiarizarnos con esta nueva atmósfera “anglosajona”. Antiguas y destartaladas casas coloridas de madera todavía subyacen después del paso del huracán “María” sufrido hace una año. La isla ha sufrido una devastación total y están en plena reconstrucción. Son amables, son felices, son supervivientes.

En nuestra primera semana nos tomamos el tiempo para descubrir el funcionamiento de esta ciudad.  Dónde abastecerse de agua, dónde hacer compras, dónde cambiar dinero, qué se puede visitar en la isla, etc. Pudimos hacer algunas caminatas agradables, visitar una chocolatería, ir a Roseau, la capital, en bus colectivo. Desgraciadamente, la sombra del “virus” y sus restricciones también han llegado aquí y desde su llegada permanecemos confinados con toques de queda aunque entre semana podemos ir a tierra para hacer algunas compras. Al día de hoy,  no sabemos hasta cuándo durará esto pero empezamos a preguntarnos qué haremos si las islas vecinas no abren sus fronteras antes de la llegada de la temporada de huracanes.