Como previsto salimos de Porto Santo el día 10 de septiembre  a las 8h de la mañana. Con un viento en popa y algo más flojo de lo previsto, 10 nudos, aprovechamos para poner en práctica algunos de los múltiples consejos que siempre te dan expertos marineros y a los que agradecemos de todo corazón. Poner las velas en "tijera" o en "mariposa" como dicen otros era algo que nunca habíamos intentado. Consiste en poner la vela Mayor de un lado y la Génova del otro ayudada de una extensión que se llama "Tangon". Las velas reciben así todo el viento que sopla por detrás, por popa. Una vez hecho esto pusimos en funcionamiento el piloto de viento que consiste en un ingenioso instrumento con dos palas, una en el agua (funciona como timón) y otra aérea que sigue la dirección del viento y esto te permite avanzar sin necesidad de estar al timón continuamente o de encender el piloto electrónico el cual hace ruido y consume energía. Y así tranquilamente y a avanzando a unos 4 o 5 nudos, llegamos a la parte Este de Madeira en Quinta do Lorde en unas 6 horas. Pasamos la noche fondeando delante de esa marina pero al día siguiente decidimos movernos porque anunciaban fuertes vientos y sabíamos que en la ensenada de Funchal estaríamos mejor protegidos. Así que después de desayunar pusimos rumbo a la capital.  En este breve trayecto de unas 3 horas tuvimos fuertes vientos de hasta 30 nudos por popa y olas de hasta 2 metros. Pero como buenos previsores habíamos ya cogido dos rizos, es decir, bajar la vela mayor para hacerla más pequeña y llegar así sin mayores complicaciones.

Funchal está situado en la costa sur de la isla de Madeira, a 20 minutos en coche del aeropuerto.  A primera vista se puede ya apreciar su encantadora bahía rodeada de altas y verdes montañas, largos cañones y floridos jardines. Y nuestro lugar escogido para fondear es justo delante del Fuerte de Sao Tiago construido en 1610, a unos 15 metros de profundidad pero bien protegido de los vientos del Norte y Noreste aunque no tanto de la marejada.

Decidimos poner el "dinghy" al agua e ir hasta la Marina para buscar un lugar donde estacionarlo. Un primer contacto con un joven portugués trabajador de la Marina nos hace sentir que somos los bienvenidos y que no hay problema para dejar el dinghy ahí donde lo hemos estacionado. Primera impresión positiva. ¡¡No hay que pagar y no hay prohibiciones!!

Brevemente damos un paseo por el centro de la ciudad descubriendo edificios emblemáticos, iglesias, el casco antiguo con su Mercado de los Labradores, la encantadora calle de Santa María en donde podemos observar el proyecto "Arte de puertas abiertas" que ha transformado dicha calle en una galería de arte gracias a los artistas locales, los cuales pintan las puertas de las viviendas con diferentes temas.

Nos queda mucho por descubrir de esta maravillosa isla y que intentaremos hacer en los próximos días. 

Dicho y hecho, alquilamos un coche durante 4 días que nos permitió desplazarnos y visitar los lugares más interesantes de la isla así como sus maravillosas montañas y entorno natural.

1er día: En la costa Suroeste habría que destacar pueblo en la bahía de Cámara de Lobos no muy lejos de Funchal con agradables restaurantes donde comer y que ofrece preciosas vistas al Cabo Girao, uno de los acantilados más altos de Europa, con 580 metros de altura. En la costa Oeste, y prosiguiendo nuestro recorrido hacia Sao Vicente, pasamos por un túnel a lo largo del cual queda de manifiesto el contraste del verde majestuoso con el azul de las aguas del mar. En Sao Vicente está el centro de Vulcanismo y se pueden visitar unas grutas. En el cruce entre Sao Vicente y Seixal podrá apreciarse la deslumbrante cascada de "Véu da Noiva" (El velo de la novia) que debido a su altura y a la carga de agua que discurre por la ladera se parece al velo de una novia. En dichas laderas, además se cultivan uvas en pequeñas parcelas a modo de terrazas de las cuales saldrá el famoso vino de Madeira.

2ndo día: En la costa Norte dirección a Seixal y Porto Moniz se podrán visitar las piscinas naturales de lava basáltica que se encuentran con el océano. Como dato curioso hay que decir que Porto Moniz estuvo aislada del resto de los municipios a lo largo del tiempo, ya que era un lugar al que se accedía sobre todo por el mar, hasta que después de la Segunda Guerra Mundial se construyó la carretera que une Porto Moniz y São Vicente. 

3er día: Por la costa Este se puede acceder al Pico do Areeiro, el segundo pico más alto de la isla de Madeira. Está situado a 1818 m de altura y ofrece unas vistas fantásticas del macizo central de Madeira desde donde se vislumbran bellas formaciones rocosas. Desde aquí se pueden iniciar rutas de senderismo de extraordinaria belleza pudiendo llegar al punto más alto del archipiélago, el Pico Ruivo con 1862 metros de altura.

4rto día: En el Noreste de la isla y partiendo del pueblo de Santana se podrá visitar el núcleo de casas típicas de Santana. Desde el parque forestal de Queimadas se pueden hacer varias rutas  por las "Levadas". Las levadas son canales de agua de una profundidad de 50 cm. que se encuentran por toda la isla y que en su origen estaban destinadas a abastecer de agua a la región del sur de Madeira para regar las plantaciones y para llevar agua a las aldeas.

Fueron construidas a partir de mediados del siglo XVI y en muchos casos supusieron auténticas obras de ingeniería ya que muchas levadas fueron esculpidas en las montañas. Hay que recordar que Madeira es muy montañosa y de hecho, algunas atraviesan túneles: hay unos 40 kilómetros de túneles en la isla de Madeira.

Existen unos 2500 kilómetros de levadas en Madeira  y pueden recorrerse por senderos paralelos a las mismas y, a veces, sobre las mismas levadas. Algunas discurren por acantilados al borde del mar y otras por el interior de la isla a través de lugares más protegidos; a veces se estrechan tanto que a penas hay sitio para pasar y, otras veces, son auténticas avenidas. Eso sí, en todas ellas podrán disfrutar de magníficos paisajes y descubrir rincones recónditos. Nosotros escogimos para caminar la "Levada do Caldeirao Verde" y la "Caldeirao do Infierno" con unos 19 km ida y vuelta. Viendo estas maravillosas obras de ingeniería podemos afirmar que son la demostración de que el hombre puede realizar obras en total armonía con la naturaleza.