Si por algo se caracteriza el Estrecho de Gibraltar es por ser un punto estratégico de transporte marítimo lleno de contrastes. Situado en una zona con una gran densidad de tráfico de este tipo, se alza como barrera natural entre los continentes de Europa y Asia; el Mediterráneo y el Atlántico; y la cultura occidental y oriental. 

 La zona se caracteriza especialmente por la confluencia de vientos (los principales son el Levante y el Poniente) y de corrientes marinas. El viento puede llegar a acelerar con una intensidad muy brava hasta alcanzar los 40 y 50 nudos cerca del peñón (sobre todo en otoño e invierno), mientras que a unos 20 kilómetros puede incluso ni notarse. No hay que olvidar que la zona actúa como un embudo natural que se opone al paso del viento.

Además, hay que prestar especial atención a las corrientes marítimas en la zona, que llegan a alcanzar una gran virulencia, con cambios notables a lo largo de una misma jornada. Los bancos de niebla, sobre todo frecuentes con el inicio de las altas temperaturas, también obligan a extremar precauciones.

Así que buscar el momento adecuado para cruzar el Estrecho de Gibraltar requiere de algo de estudio e información con respecto a los vientos, mareas y corrientes. En nuestro caso queríamos ir a Tanger así que teníamos que salir 2 horas después de la marea alta aprovechando las corrientes a favor de Este a Oeste dirección Tarifa pero teniendo en cuenta que los vientos una vez allí serán más fuertes que en Gibraltar y que podremos encontrarnos con los famosos "escarceos" que es como si el agua estuviera hirviendo y que crea olas en múltiples direcciones. 

El estrés principal sería enfrentarse a los interminables buques y petroleros que atraviesan el Estrecho  a una velocidad impresionante tanto de un lado como del otro como si se tratara de una autopista. Justo después de Tarifa las cosas empiezan a ponerse serias. Vigilamos de cerca nuestro AIS para seguir de cerca el avance de los numerosos cargos y buques así como el de nuestros amigos Renaud y Oceanne que deciden cruzar al mismo tiempo que nosotros. 

Finalmente la travesía transcurrió sin ningún incidente y en condiciones perfectamente favorables y que además nos regaló simpáticos encuentros con delfines, atunes, peces luna y otros cetáceos, llegando a Tánger el 2 de agosto 2019.

Como ya he dicho, allí nos reencontramos con Marc al que no habíamos visto desde hacía un año y con él pasamos los 3 días restantes organizando y preparando nuestra salida hacia Madeira la cual , haríamos juntos, él en su Maesha y nosotros con nuestro Safari. Por supuesto, aprovechamos también para pasear por Tánger, visitar su Medina, sus deliciosas calles llenas de pequeñas tiendas y restaurantes. ¡Ciudad agradable y acogedora allí donde las haya!

Tánger sigue teniendo una de las medinas más grandes de todo el país. Cuando uno llega a esta  ciudad llama la atención su gran variedad de colores y estructuras.

A diferencia de otras medinas, la de Tánger tiene una historia muy particular. Hay registros muy antiguos de que el territorio donde hoy está emplazada, estaba habitado. Se han llevado adelante diferentes excavaciones e investigaciones arqueológicas con hallazgos púnico-románicos en la zona del Gran Zoco y en los denominados Jardines de Mendoubia.

También alrededor de la vieja ciudad de Tánger (la kasbah) hay un legado histórico importante, influenciado en mayor parte por las culturas del Mediterráneo (Portugal, al-Andalus, Francia).

En la medina propiamente dicha podremos disfrutar de pasear por las típicas callejuelas estrechas con tolderías y pasillos que recuerdan a Aladín y otras películas ambientadas en la región.