Desde que salimos en junio del año pasado del puerto de Saint Louis du Rhône, Francia donde compramos nuestro barco, hemos navegado unas 3000 millas náuticas (más o menos 5000 Km). De junio a octubre pasamos por la costa Sureste de Francia y pudimos disfrutar de hermosos lugares y paisajes como la Calangue de Sormiou, La Ciotat, donde viven nuestros queridos amigos Christian y Brigitte, La Capte, Porquerolles  entre otros. Una vez allí cruzamos a Córcega, costa oeste, luego a Cerdeña y después a Túnez donde pasamos 1 mes y medio aproximadamente. Antes de seguir adelante me gustaría hacer un breve paréntesis y hablar sobre la experiencia vivida en este país.

A pesar de los evidentes problemas políticos y económicos que sufre Túnez desde hace algunos años, no ha desaparecido la muestra de afecto, amabilidad y hospitalidad de sus gentes. En todo momento nos sentimos seguros, cómodos y bienvenidos. Nosotros entramos por Bizerte y los papeleos de policía y aduana fueron muy sencillos y rápidos. Lo único que te piden es comunicarles con antelación si vas a cambiar de fondeo o puerto y eso es todo. Si se respeta este procedimiento, no hay ningún problema. Les gusta controlar y saber dónde estás en todo momento pero en principio, dicen, lo hacen “por nuestra seguridad”.

En Túnez pasamos momentos estupendos con el reencuentro de viejos amigos como Jean-Pierre y Donia, o con Sabah en su maravillosa casa de Kerkennah comiendo y saboreando exquisitos “Couscous”.

También vivimos momentos de mucho estrés como cuando nos cayó encima una enorme granizada en Sidi Bou Said que nos desgarró el bimini o como cuando nos alcanzó una enorme tormenta mientras fondeábamos cerca de la isla de Kuriat con 2 metros de profundidad.Vientos a 50 Kn nos arrancarón la cadena y el ancla dejándonos a la deriva. Con el motor a toda potencia pudimos evitar milagrosamente el choque contra el catamarán de nuestro amigo Marc que fondeaba junto a nosotros. A pesar de todo parecía que las divinidades estaban de nuestro lado. Entre el paso de una tormenta y otra, Marc, pudo venir a nuestro rescate con otra cadena auxiliar y pudimos instalarla junto con otra ancla que tenemos para casos de emergencia y con el motor encendido pudimos compensar la fuerza del viento y así pasar toda la noche hasta que llegó la calma.

Al día siguiente estábamos de nuevo en el paraíso después de haber vivido un infierno. Afortunadamente y gracias al punto GPS pudimos recuperar la cadena y el ancla.

A finales de septiembre veíamos que el tiempo se iba complicando y decidimos que era mejor volver lo antes posible a España. El regreso desde Túnez fue pasando de nuevo por Cerdeña donde estuvimos bloqueados en la isla de San Pietro tres semanas esperando vientos favorables para poder cruzar a las islas Baleares. Tiempo suficiente para conocer y encontrar gente estupenda como Ralf y Nina o Marco y Catharina. Cuando por fín tuvimos una ventana metereológica cruzamos junto con Ralf y Nina hasta Menorca (Islas Baleares) pero no sin dificultades; Tormentas eléctricas nos rodearon y siguieron durante toda la ruta. Nosotros tuvimos suerte pero luego supimos que a Ralf le alcanzó un rayo quemándole todo su sistema electrónico y obligándole a navegar con el timón durante más de 12 horas sin piloto automático. Llegar a Menorca tampoco fue fácil. De noche, con fuerte oleaje y ráfagas de viento, la entrada al puerto de Mahón se presentaba muy complicada. Ralf salió con su dingy a la entrada del puerto para iluminarnos la entrada y guiarnos hasta el lugar donde podríamos echar el ancla sin dificultad. ¡Gracias de nuevo a todas esas buenas personas siempre dispuestas a ayudarte incluso en momentos muy complicados! ¡Gracias Ralf!.

Después de descansar y de pasar varios días en Mahón y de disfrutar de la compañía de Ralf y Nina y cuando la metereología nos lo permitió, cruzamos hasta el puerto de Valencia donde ya habíamos decidido dejar el velero para todo el invierno hasta la llegada de la primavera. Mientras tanto, nosotros pasaríamos los meses de frío en nuestro piso de Conil de la Frontera (Cádiz).

Esos primeros meses de navegación en verano fueron nuestra prueba de fuego; meses de adaptarnos a nuestro barco (y él a nosotros???), de cometer errores y de aprender de ellos; meses de toma de confianza y de darse cuenta que navegar es estar en un constante “va y ven” entre vigilancia, prudencia y aprendizaje.